Gael Díaz
Con mi vida en una maleta,
y mis sueños en una caja de zapatos,
dejé atrás las fiestas y las cenas completas,
donde el pan sabía a abrazos.
Me pregunto si mi patria aún recuerda mi nombre,
si mis huellas siguen vivas en su arena,
o si el tiempo las borró, con la pena
de un hijo que se fue sin retorno ni renombre.
Soy libre, lo sé, pero en un mundo incierto,
que jura abrir puertas, pero me deja en el puerto.
Libre, sí… pero a veces cansado,
cansado de traducir mi historia para ser escuchado.
por eso he aprendido que el hogar no se encuentra: se siembra.
Que el idioma no es jaula, es semilla que tiembla.
Que la nostalgia no pesa si florece en palabra,
ni hay raíz más firme que la esperanza guardada.
Que el viento no tiene culpa del desorden en mi mesa,
cuando fui yo quien dejó la puerta abierta
Y aunque el camino duela, yo sigo.
y cargo conmigo el polvo, el acento y el abrigo.
Porque migrar no es huir, es reescribir el destino,
con manos cansadas, pero con fe en el camino.
Y aún así camino, con la frente erguida,
con un mapa de sueños y heridas,
porque migrar no es huir,
es volver a construir la vida.
